El arte de descansar: crónica de un fin de semana en Yoga Nidra
- Gabriel Martinez Mayobre
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

El pasado fin de semana vivimos en el centro una de esas experiencias que dejan huella, de las que siguen resonando en el cuerpo y en el silencio interior varios días después. El intensivo de Yoga Nidra con Mónica Velázquez fue, sencillamente, un regalo.
La sala se fue llenando poco a poco hasta no quedar un solo espacio libre. Esterillas alineadas, mantas, miradas tranquilas… y esa mezcla de expectación y recogimiento que aparece cuando intuimos que vamos a entrar en un territorio profundo. Ver la sala completa, con personas de distintas edades y recorridos reunidas para explorar el descanso consciente, fue emocionante.
Este fin de semana fué la constatación del interés creciente por prácticas que no nos piden “hacer más”, sino aprender a dejarnos hacer.
Mónica nos guió con una presencia cercana y a la vez muy precisa. Desde el primer momento creó un clima de confianza que permitió que cada persona pudiera entregarse a la experiencia a su manera, sin esfuerzo, sin exigencias. Su forma de conducir el Yoga Nidra no se quedó en la técnica, sino que abrió una puerta a la vivencia directa: esa zona sutil entre la vigilia y el sueño donde el cuerpo descansa profundamente, pero la consciencia permanece.
A lo largo del intensivo fuimos recorriendo distintas propuestas: exploraciones corporales minuciosas, viajes por la respiración, la percepción de los sentidos, las imágenes internas… Todo aparecía y desaparecía en un espacio de escucha. Más que “hacer una relajación”, se trataba de reconocer que ya hay un fondo de quietud disponible, y que a veces solo necesitamos las condiciones adecuadas para notarlo.
Uno de los aspectos que más se repetía en los compartires fue la sorpresa:personas que pensaban que “no sabrían relajarse” descubrieron que el descanso sucede cuando dejamos de intentar provocarlo. Otras hablaron de una sensación de ligereza, de haber soltado capas de tensión que ni siquiera sabían que estaban ahí. También hubo quien conectó con una claridad silenciosa, difícil de poner en palabras, pero muy evidente en la mirada al terminar.
Entre práctica y práctica, Mónica fue tejiendo pequeñas explicaciones que ayudaban a comprender qué es realmente el Yoga Nidra más allá de la idea de “tumbarse y ya está”. Hablamos del sistema nervioso, del impacto del descanso profundo en nuestra vida diaria, y de cómo esta práctica puede convertirse en un apoyo real para transitar el estrés, el insomnio o la sobrecarga mental tan habitual en nuestro ritmo de vida.
Hubo momentos en los que el silencio era tan denso y a la vez tan suave, que parecía que el tiempo se había detenido.
Terminamos el intensivo con una sensación muy clara: descansar de verdad no es desconectarse, sino volver a casa. Volver al cuerpo, a la respiración, a esa presencia simple que no necesita adornos.
Nos sentimos profundamente agradecidos a Mónica por su sensibilidad y su claridad, y a todas las personas que llenasteis la sala con vuestra confianza y vuestra apertura.
No ha sido la primera vez que Mónica viene a Santander a impartir en el Centro y desde luego no fue la última.




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