La escucha en medio de la batalla. Meditación inspirada en la Bhagavad Gita.
- Gabriel Martinez Mayobre
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

Hay momentos en los que la vida no se presenta como un camino claro; en la bruma y la confusión se deja ver como un campo de fuerzas opuestas y en tensión. Uno no sabe hacia dónde ir, lo que sentimos no tiene un norte nítido y, sin embargo, algo en nosotros intuye que no se trata tanto de elegir correctamente como de VER con claridad. La Bhagavad Gita surge exactamente en ese instante, no en un templo, sino en medio de un campo de batalla. Arjuna, el guerrero, se detiene, mira alrededor y reconoce que todos aquellos contra los que debe luchar son sus maestros, su familia, su historia. Entonces algo se rompe, y en esa profundidad aparece la posibilidad de escuchar.
Lo que se despliega en la Bhagavad Gita en el diálogo entre Arjuna y Krishna no es una enseñanza cerrada, sino distintas formas de aproximarse a la experiencia. Tradicionalmente en el texto se habla de karma yoga, jñana yoga y bhakti yoga, y aunque parecen ramas distintas del árbol del yoga, son diferentes puertas de entrada, o incluso mejor: distintos perfumes en los que la misma inteligencia se expresa. El karma yoga muestra la posibilidad de actuar sin quedar atrapado por el resultado, de dejar que la acción ocurra sin "hacerla nuestra"; el bhakti yoga abre la dimensión de la entregaa través de la devoción. Y atravesándolo todo, de forma más silenciosa pero constante, aparece el jnana yoga, una claridad que no se construye, que lo empapa todo y que nos lleva a reconocer lo que ya está ahí.
Esta meditación del viernes no busca elegir entre estos enfoques ni aplicarlos como técnicas. Lo que se propone es buscar un espacio donde puedan intuirse sin esfuerzo, casi como diferentes colores de un mismo caleidoscopio. Un lugar donde la acción no tenga que resolverse, donde la mente no tenga que controlarse y donde la entrega no tenga que forzarse.
Se trata más bien de crear un espacio donde no tengamos que inclinarnos hacia un lado u otro. Como Arjuna antes de actuar, en ese instante suspendido donde todavía no hay decisión, pero sí presencia. En la tradición de la Bhagavad Gita, Krishna no le dice a Arjuna qué hacer en términos absolutos, no le entrega una fórmula, sino que le muestra otra forma de mirar, una mirada donde la acción no nace de la agitación, sino de una comprensión silenciosa que no puede ser impuesta.
En la práctica de este viernes, como viene siendo el camino esbozado ya en nuestra sala, no se trata de calmar la mente en el sentido habitual, sino de permitir que lo que está, esté. Quizá descubramos que el conflicto no es el problema, que el problema aparece tras la prisa por salir de él, y que en medio de ese aparente desorden hay una forma de inteligencia que no necesita elegir para ser clara.
Esta meditación es una invitación a ese lugar, no fuera del ruido del conflicto, sino en el corazón mismo de él. Y quizá ahí está el gesto más interesante de la Gita: no decirte por dónde ir o cómo escapar del conflicto, sino mostrarte que, vayas por donde vayas, si hay claridad, todo estará en su lugar perfecto.




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